Síndrome de la Impostora

Fabiola Judith Gandarilla Aizpuro

Hace unos días, mientras navegaba por las redes sociales, me encontré con el término “síndrome de la impostora”. Al igual que muchas de las que nos topamos con este término,  me quedó la duda de por qué era una frase en femenino, primero pensé por impulso que al utilizar la palabra síndrome están asumiendo que es solamente algo que afecte mujeres y en ese mismo instante me sacudí esa absurda idea de mi cabeza. Una idea que si bien tiene un origen en la crianza machista que tenemos en la cultura mexicana, también tiene un refuerzo en el estilo de vida que decidimos llevar en la adultez, lo cual a su vez se ve influenciado por las oportunidades de crecimiento personal a las que estamos expuestas y un sinfín de factores propios de la vida de cada persona. Con esto entendí que el término tiene una redacción en femenino debido precisamente es en este género en el que se experimenta mayormente.

Podríamos considerar que como sociedad estamos avanzando porque somos un sistema más incluyente con las diferentes ideologías, formas de pensamiento y expresión de género en nuestro entorno, o por añadir la frase empoderamiento de la mujer a nuestro vocabulario cotidiano. Exitosamente estamos en un momento de cambios sociales y aunque desafortunadamente no todas las expresiones públicas de apoyo llevan un trasfondo de honestidad y congruencia con el componente social en el que nos desarrollamos, ya se ha logrado la apertura de espacios para exponer otras caras de la misma realidad. Aún hay camino por recorrer, seguimos observando una desigualdad de participación en la toma de decisiones, un área dominada por el gremio masculino y que pareciera que nunca va a ser distinto. Este fenómeno viene a ser también consecuencia de que “se nos ha dejado participar” como si requiriéramos de un permiso especial para ser parte de una mesa de trabajo en la que solo nos sentamos a ser un estadístico de presencia y no una voz con opinión sobre los temas, con formación en ciencia y tecnología, con propuestas sobre estrategias de conservación, técnicas novedosas y políticas públicas que nos permitan mejorar como sociedad.

Analizando todo esto cobra mucho sentido entonces que nuestra perspectiva sobre el valor de la opinión propia sea tan minimizado incluso por nosotras mismas. Hemos aprendido de manera sistémica que nuestra forma de ver un problema e intentar darle solución simplemente no es la apropiada, no es tan funcional, no es… simplemente no es y es esto precisamente lo que necesitamos corregir. Entender que nuestra forma de abordar una situación es válida, porque es un enfoque diferente que establece una mejor perspectiva simplemente por ser complementario. Me recuerda a aquella leyenda sobre los seis sabios ciegos en la que cada uno tocaba una parte diferente de un elefante y por lo tanto para cada uno este animal tenía una figura distinta, sin embargo, si se hubieran dado la oportunidad de escuchar a los otros habrían tenido una mejor idea de la realidad.

Debemos reconocer el esfuerzo que hemos hecho para llegar al lugar en el que estamos, sin importar cuál sea nuestro oficio o profesión. Estar agradecidas con esa versión nuestra del pasado que aprendió de todos los obstáculos e hizo lo mejor que pudo con las herramientas que tenía. Y en este mismo orden de ideas, debemos reforzar la comprensión y confianza en nuestros grupos de trabajo de que somos eso, un equipo trabajando por el mismo fin, un conjunto de diferentes habilidades e historias personales que pueden ser aprovechadas para alcanzar nuestras metas trazadas con un enfoque integral y multidisciplinario e incluso en ocasiones multicultural. La confianza que vayamos ganando como parte valiosa e importante de nuestro equipo de trabajo, los resultados que vemos con el avance de nuestros proyectos y el reconocimiento del mismo influye directamente en nuestra confianza. Finalmente, esto nos va a ayudar a comprender mejor que nuestra perspectiva es importante y necesaria porque va acompañada de experiencia, preparación y mucho esfuerzo de adecuación a un sistema que está  cambiando y empezando a escuchar nuestra voz.


**Note: some aspects of this blog loose meaning when translated due to the lack of feminine and masculine connotations in English nouns.

A few days ago, while browsing social media, I came across the term "impostor syndrome". Like many of us who came across this term, I was left wondering why it was a feminine term, my first impulse was that by using the word syndrome they are assuming that it is just something that affects women, and in that very moment I shook that absurd idea out of my head. An idea, that although it has its origin in the macho upbringing that we have in Mexican culture, also has a reinforcement in the lifestyle that we decided to carry out in adulthood, which in turn influences personal growth opportunities to which we are exposed and a host of factors of each person's life. With this I understood that the term has a feminine wording because it is specifically in this genre in which it is mostly experienced.

We could consider that as a society we are advancing because we are a more inclusive system with different ideologies, ways of thinking and gender expression in our environment. Or by adding the phrase “empowerment of women” to our everyday vocabulary. We are in a time of social change and although, unfortunately, not all public expressions of support have a background of honesty and consistency with the social component in which we develop, the opening of spaces to expose other faces of it has already been achieved. In reality there is still a long way to go, we continue to observe an inequality of participation in decision-making, an area dominated by males and that seems to never be different. This phenomenon is also a consequence of “we have been allowed to participate” as if we required a special permission to be part of a work table in which we only sat down to be a presence statistician and not a voice with opinion on the topics, with training in science and technology, with proposals on conservation strategies, innovative techniques and public policies that improve us as a society.

Analyzing all this makes a lot of sense then our perspective on the value of our own opinion is so minimized even by ourselves. We have learned systemically that our way of looking at a problem and trying to solve it is simply not what is desired, it is not as functional, it is not ... it simply is not and this is what we need to correct. Understand that our way of approaching a situation is valid, because it is a different approach that establishes a better perspective simply because it is complementary. It reminds me of that legend about the six blind sages in which each one touched a different part of an elephant and therefore for each one this animal had a different figure. However, if they had been given the opportunity to listen to the others they would have had a better idea of ​​reality.

We need to recognize the effort we have made to get to where we are, no matter what our trade or profession is. Be thankful for that version of us from the past that learned from all the obstacles and did the best it could with the tools it had. And in this same order of ideas, we must develop the understanding and confidence in our work groups that we are that, a team working for the same purpose, a set of different skills and personal stories that can be used to achieve our goals set with a comprehensive and multidisciplinary and sometimes even multicultural approach. The trust that we gain as a valuable and important part of our work team, the results we see with the progress of our projects and the recognition of it directly influence our trust. Finally, this will help us to better understand our perspective, it is important and necessary because it is accompanied by experience, preparation and a lot of effort to adapt to a system that is changing and starting to hear our voice.