Honestamente, para mi la naturaleza significa corazón, significa pasión. Y eso es lo que me mueve. Conocer y entender la situación en la que nos encontramos socio-ambientalmente, entender la gran cantidad de trabajo que hay que hacer por Latinoamérica, comprender que las especies se nos están yendo de las manos.
Afortunadamente volví a casa a salvo y desde entonces estoy más alerta a todo. Ser mujer en conservación es difícil, es difícil por nuestra seguridad y nuestras oportunidades limitadas en una sociedad con hombres de mucho poder (poder que usan a su conveniencia). Y sí, desde entonces tengo miedo que me vuelva a pasar algo similar y que esta vez no tenga la misma suerte de volver a casa.
En Paraguay no existen registros históricos de mujeres pioneras en el área de conservación, pero tenemos muchas que abrieron camino para que, así como yo, muchas otras podamos tener acceso en áreas ambientales. La equidad e igualdad de género son cuestiones de derechos humanos fundamentales y de justicia social y si queremos tener todo eso necesitamos ser recordadas en la historia, una por una.
Esta sensación de “no soy tan increíble como ellas” duró algunos días colgada de mí. Pero durante el cierre de las presentaciones hubo una sesión de reflexión. En mi papelito escribí justo eso: es impresionante presenciar tanto talento y tanto poder, son mujeres increíbles todas y cada una de las presentes. ¿Todas? En ese momento me di cuenta que yo también estaba ahí, yo también estaba siendo reconocida en ese momento como una mujer increíble que trabaja a diario para el beneficio del mundo.
Uno de los comentarios recurrentes de personas que venimos de climas cálidos es como el primer invierno puede ser muy retador. Efectivamente fue desafiante, sin embargo, también fue uno de los momentos cuando me sentí en mayor conexión con mi naturaleza mamífera
No cabe duda de que la academia fue creada para los hombres por los hombres, pero vamos tomando los espacios que nos corresponden y pisando fuerte no solo en hombros de gigantas si no codo a codo con otras morras grandiosas que nos animan a seguir. Ahora veo gigantas en todas partes, en mis profesoras, en mis amigas y en estos espacios que nos permiten compartir sin dejar de ser nosotras.
Pero en sí, me cuesta analizar que, desde mi propia proyección, he sido quien para otras mujeres, fue un fuerte calvario, puesto que por querer soportar esas expectativas, me hice ajena a las situaciones de mis compañeras y la sororidad que debería haber existido por he hecho de conocer lo difícil que es caminar por la ciencia siendo mujer.
Mi primer reacción fue de cierta indignación y decepción, también llegué a pensar que me estaba victimizando, pero al pasar del tiempo me di cuenta que en gran parte ésta situación responde a una manera tan normalizada y pautada por el mismo sistema (capitalista) en el las personas son recursos que se valoran en función de su utilidad, el extractivismo no sólo se da en el contexto de los recursos naturales sino también en el de los humanos, los personales.
Como consequência dessa situação, os respondentes indicaram se sentirem inseguros, deprimidos, isolados e desmotivados. Em alguns casos, as pessoas decidiram não trabalhar mais embarcadas, mudando o rumo de suas carreiras.
Estas experiencias me han sensibilizado y me han dado ideas para tratar de incorporar mis estudios al cuidado y conservación no solo de los aspectos culturales sino también de los ecosistemas presentes en Quintana Roo.
Viviendo en campo he aprendido a preocuparme más por la manera en como viven los otros y cómo mis acciones siempre tienen un impacto directo en sus vidas. No soy conservacionista solamente porque trabajo investigando primates en campo, yo soy conservacionista porque mis hábitos ayudan a preservar esos bosques de los que mi vida depende. Y sus hábitos ¿lo hacen un conservacionista también? Nunca es tarde para comenzar.
Ha habido muchos conceptos erróneos sobre cómo se ve a los cocodrilos, y esto se debe a que los medios de comunicación presentan a los cocodrilos como máquinas de matar, pero en realidad, los cocodrilos no quieren tener nada que ver con los humanos.
Así descubrí mi pasión en el oficio de trabajar a mano con lana de oveja, en mi páramo merideño, crear con ella piezas únicas y ser parte de este legado y contribuir con su preservación.
Sinceramente, no puedo expresarme de ninguna manera sin llorar. La vida me ha hecho bastante frágil y sensible. Aun así, no es algo que me avergüence. Al fin de cuentas todas tenemos cicatrices que sanar y tengo firmemente en mi corazón que con esta comunidad todas esas cicatrices sanaran y todo mi ser seguirá floreciendo conforme nos vayamos conectando a nuestro mismo sentir por la naturaleza y su conservación. Pero, sobre todo, resplandecer de entre las sombras que alguna vez nos abrazaron y a algunas no nos ha soltado.
Me puse muy nerviosa porque no quería caer al barranco, tampoco quería seguir cerca del arbusto traicionero pero no podía correr para salir de ahí y estaba rodeada de avispas indignadas que defendían su barrio con toda fiereza. Como pude me pegué a la ladera y logré escapar, pero no sana y salva.
Sin que la otra persona se diera cuenta me quité el sombrero y me recargué sobre una roca me eché aire y mis lágrimas rodaron sobre mis mejillas mientras seguía repitiendo “tengo miedo ya me quiero ir”. Realmente me sentía pesimamente mal y lo que quería era no estar allí, pero parecía que esa búsqueda era implacable. Tome aire sin fuerzas y seguí caminando.
Desde hace algunos años esta especie me ha obsesionado, y estudiarla al lado de grandes herpetólogos, es algo que nunca pensé vivir. Sin duda, este ha sido uno de los mejores viajes de mi vida, lleno de recuerdos que se quedarán hasta el último día de mi vida…
No sé si más investigadores o conservacionistas han pasado por situaciones similares, pero en mi caso, para mantener mi seguridad en campo, he tenido que decir que soy casada (cuando no lo soy) y hablar de un marido falso; he estado vigilada por personas que no son de la comunidad pero que acompañan cada uno de mis pasos desde lejos, para garantizar que estoy en la comunidad trabajando realmente por un proyecto socio-ambiental.
A veces me pregunto si no será mejor para mi salud mental y física cambiar de profesión. ¿Qué tiene de malo hacer algo diferente? Pero luego pienso que mi identidad está fuertemente ligada a mi trabajo y mi profesión y me da una ansiedad tremenda. ¿Quién voy a ser si dejo todo lo que he batallado tanto para construir? Me ha costado sudor, lagrimas, sangre y hambre llegar al lugar donde actualmente estoy, trabajando codo a codo con las superestrellas de la conservación a nivel continental.
Mi sueño de pequeña era trabajar con fauna, protegiendo la naturaleza, nunca pensé que para ello tuviera que trabajar con comunidades. Ni se me pasaba por la cabeza. Cumplí mi sueño de estudiar y licenciarme en biología y me fui a Costa Rica. Una vez en la maestría hicimos varias giras sociales, aprendiendo sobre técnicas de investigación social, educación ambiental y procesos comunitarios. Para mí, fue un cambio de chip drástico. Nunca se me había ocurrido que para hacer conservación de vida silvestre había que tener en cuenta las comunidades locales.
La respuesta, a mi forma de ver las cosas y por mi experiencia profesional, es no. La fotografía por sí sola no es conservación. El contar las historias de la biodiversidad o de quienes ayudan a la biodiversidad requiere de que el fotógrafo se involucre en dicha historia o lucha para que realmente sea conservación o logre hacer incidencia tanto social como política, y también para contar la verdad desde la mirada de quienes luchan, y no cómo un espectador más que habla desde su propio privilegio.
Después de caminar unos 2 kilómetros, unos soldados de la migra nos vieron y nos empezaron a seguir, de repente nos vimos acorralados y parte del grupo se fueron con los soldados y otra parte del grupo nos escondimos dentro de una de esas grandes tuberías viejas. Desde ahí vimos como al otro grupo los subían a una gran camioneta. En ese momento un chico intentó huir y ahí mismo le dispararon y cayó en unos arbustos.
No podemos cuidar lo que no conocemos. Y en este contexto en particular, reacio y hostil, esta suma de esfuerzos y voluntades por enseñar y compartir es un gran acto de resistencia, tanto como el acto de observar para el que dibuja. La cámara, el binocular, el lápiz y el papel son nuestras herramientas de trabajo en los cerros y senderos que caminamos.
Las reservas de biosfera son más que áreas protegidas, las reservas de biosfera son personas, comunidades, ciudades; las reservas de biosfera son paisajes funcionales, territorios en donde se articulan diferentes sistemas ecológicos, sociales y económicos.
Sinceramente nada a sido fácil, desde ese día. Comencé a aborrecer las salidas a campo que tanto amaba y trataba de hacer mi trabajo lo más rápido posible en el día para que la salida no fuera tan extensa y pudiera volver a estar lejos de él. Cada noche estando en campo estaba alerta de cualquier sonido, me sentía vulnerable a cualquier cosa, total ya había pasado lo anterior quien me aseguraba que no podía suceder algo más severo.
A esta altitud solo te acompaña el silencio y el viento, no hay trochas, ni rutas visiblemente marcadas; seguimos avanzando e inesperadamente atraviesan por el frente, un grupo de guanacos, despreocupados recorren la puna, evidentemente no es un tramo muy transitado y me embarga una sensación de ser nosotros los que nos atravesamos en su camino.
La Asociación Mujeres y Conservación es una iniciativa voluntaria que busca empoderar, visibilizar y apoyar a las mujeres trabajando en conservación en Latinoamérica. Es un trabajo que realizamos desde el fondo de nuestros corazones llenos de ideas, sueños y metas que alcanzar. Nuestra lección más grande ha sido que la red realmente funciona, que el saber y entender por lo que está pasando la otra es clave para brindar el apoyo necesario, y para inspirar y creer en nosotras mismas en este sendero de aprendizaje.
Mujer y Naturaleza van de la mano, como el agua, es algo que fluye, señaló nuestra guía. El ser mujer ya te hace fuerte, porque las mujeres venimos sesgadas de ciertos derechos que ahora por suerte están volviendo a incorporarse en nuestras vidas, y el hecho de tener el derecho a crecer en un ambiente sano creo que debería formar parte de nuestras vidas.
Fue así como me di cuenta que elegir el camino de la educación ambiental, como especialidad, sería una forma de poder combinar mi gusto por la naturaleza, con mi vocación por compartir lo que me apasiona. Pero, jamás imaginé el alcance, el poder, los retos y la responsabilidad que tendría elegir ese camino.

Me cuesta decir que yo misma soy producto de su ejemplo y enseñanzas. Que a la falta de mentoras mujeres, fue de ellos de quien aprendí a trabajar en la conservación. Me cuesta decir que hay compañeras mujeres que dejaron atrás la conservación a causa de la falta de apoyo durante la maternidad, la baja paga y el abuso de poder de estas personas.