A veces

Anónimo

Seguido siento envidia por las personas a quienes no les importa el medio ambiente, la pérdida de especies, la fragmentación de hábitat y el cambio climático. A veces quisiera ser una mujer que solo se preocupa por su trabajo durante las horas laborales y se puede desconectar y disfruta su tiempo y su vida el resto del día. A veces me pregunto si el problema soy yo y no los problemas agobiantes de la conservación del medio ambiente con los que lideramos día a día como conservacionistas.

A veces me pregunto si no será mejor para mi salud mental y física cambiar de profesión. ¿Qué tiene de malo hacer algo diferente? Pero luego pienso que mi identidad está fuertemente ligada a mi trabajo y mi profesión y me da una ansiedad tremenda. ¿Quién voy a ser si dejo todo lo que he batallado tanto para construir? Me ha costado sudor, lagrimas, sangre y hambre llegar al lugar donde actualmente estoy, trabajando codo a codo con las superestrellas de la conservación a nivel continental. También veo como tantos amigos y personas en muchas partes del mundo interesadas en trabajar en conservación no han podido encontrar trabajo ni oportunidades que les abran puertas y se han dado por vencidos. Todos esos cerebros y esas manos capaces desperdiciadas porque no hay espacios suficientes o empleos que paguen lo sufuciente para que puedan mantener a sus familias. Qué egoísta de mi parte desechar algo tan codiciado, un trabajo estable y bien remunerado (dentro de lo que cabe en un trabajo de ONG). ¿Cómo me atrevo a pensar en dejar el trabajo de mis sueños? Que probablemente es el trabajo de los sueños de muchas otras personas aparte de mí. Si dejo todo simplemente no sería yo. El propósito de mi vida abandonado como un trapito sucio.

El autor Andrew Boyd describe el dilema elocuentemente en su trabajo Aflicciones diarias: la agonía de estar conectado a todo en el universo.

La compasión duele. Cuando te sientes conectado con todo, también te sientes responsable de todo. Y no puedes alejarte. Tu destino está ligado al de los demás. Debes aprender a llevar el Universo encima o ser aplastado por él. Debes crecer lo suficientemente fuerte para amar al mundo, pero lo suficientemente vacío para sentarte en la misma mesa con sus peores horrores.
— Andrew Boyd

Existe una tendencia a la depresión en conservacionistas a nivel global. Lo que ha catalizado iniciativas como Conservation Optimism o Lonely Conservationists, iniciativas enfocadas en comunidad, historias positivas y buenas noticias. Al menos me da un poco de consuelo saber que no soy la única que se siente así.

Las malas noticias en el mundo de la conservación son constantes e increíblemente agobiantes para aquellos que somos sensibles. Encima de todo eso tenemos la burocracia de nuestros países, la avaricia, la indiferencia y la corrupción de la misma humanidad que intentamos proteger. Y encima de eso muchas de nosotras tenemos la discriminación, el machismo y el techo de vidrio en los espacios de trabajo. La mayoría del tiempo el avance es tan lento que no se aprecia.

Decir que estoy cansada es una sobresimplificación. Pero aun con todo el peso de la incertidumbre sobre el futuro, la culpa, la ansiedad y el cansancio, me siento increíblemente agradecida de trabajar con una comunidad que lo da todo por la conservación de nuestro pedacito del mundo. En un futuro podré ver hacia atrás y saber que hice todo lo que pude para mejorar el mundo para la biodiversidad y mi familia. Espero en ese entonces ya no sentirme así.